Consecuencias psicológicas de la cirugía plástica

Consecuencias psicológicas de la cirugía plástica

Como bien sabemos, los diversos tratamientos en cirugía plástica generan una serie de beneficios para todas aquellas personas interesadas en cambiar la apariencia de su cuerpo.

Se considera innegable el impacto de la cirugía plástica en el mejoramiento de la autoestima, el autoconcepto y desde luego la seguridad personal, contribuyendo de manera considerable en el bienestar psicológico y emocional del paciente.

 

A lo largo de la evolución de la sociedad han surgido cuestionamientos relacionados con la importancia de la imagen corporal, influenciadas por los diversos estereotipos sociales y culturales, la naturaleza del envejecimiento y las situaciones personales y afectivas. Pero sin lugar a dudas, hoy por hoy, la imagen personal es de notable importancia personal y colectiva.

 

Recientes estudios demuestran que las personas con una elevada autoestima son más seguras de si mismas, demostrando un desempeño excepcional en su entorno laboral, social y sentimental; al permitirse enfrentar con mayor seguridad las diversas situaciones acontecidas en cada uno de estos ámbitos. Por esta razón muchos especialistas consideran la cirugía plástica como una gran ayuda psicológica y emocional en muchos casos.

 

Sin embargo, este fenómeno acarrea una contraparte negativa: la adicción o dependencia a los tratamientos estéticos. Algunas personas cuando superan el miedo a cambiar, se obsesionan en la necesidad patológica de repetir una y otra vez cada procedimiento quirúrgico posible, en busca del cuerpo perfecto. Detrás de la adicción a las cirugías estéticas hay un tipo de ansiedad que merece ser atendida, debido a sus efectos negativos en el autoconcepto.

 

También existe una patología que debe ser correctamente diagnosticada, como el dismorfismo corporal, donde la persona ve aspectos negativos en su imagen que no son reales. La detección temprana de esta patología también es un importante labor del cirujano plástico.

 

Es necesario tener en cuenta que en muchas ocasiones el bisturí no es la cura para la depresión y los diversos trastornos emocionales; sin embargo, es cierto que el mejorar la apariencia física, alimenta y satisface la autoestima, por ende, es quizás, en este difícil balance donde debemos movernos.
El concepto de belleza está sujeto a cambios fugaces, pero nuestro deber como cirujanos plásticos consiste en aportar en la mejora de la calidad de vida de nuestros pacientes al ofrecerles una serie de cambios en su cuerpo, que constituyan una mejora notable a nivel físico y psicológico.

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